miércoles, 26 de agosto de 2015

EL MUNDO NO ESTÁ PREPARADO PARA ESTO

¿Cuál es la primera condición para que se produzca un gran avance tecnológico en nuestra civilización? Sin duda, abstenerse de quemar al científico por brujo. En la actualidad, un individuo con un mínimo de formación y criterio podría aceptar que la ciencia fuera por fin capaz de anclar su edad biológica en unos magníficos treinta años. Claro que este avance debería ir acompañado de la máquina para replicar bocatas, porque en poco tiempo se agotaban hasta las lombrices en escabeche. Lo que nunca hubiéramos sospechado es que nuestras amistades más atractivas en Facebook fueran en realidad alias de la suegra, siempre dispuesta a tendernos trampas para abrirle los ojos a nuestra pareja. Volviendo a lo de antes, los cambios que se derivarían de algo así representarían casi un salto evolutivo. Para empezar: cero bodas. ¿Quién se atrevería a firmar la promesa “Hasta que la muerte nos separe”. También desaparecerían del mapa usufructos, herencias o esas frases típicas de cortesía: “nunca lo olvidaré”, “eternamente agradecido”, “las veces que usted quiera”, etc., etc. Sin embargo, la reflexión más relevante ante algo así se produciría en el plano social. ¿Devolverían los Gorroniazábal alguna invitación tras acudir durante quinientos años a las cenas en casa de los amigos?

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