miércoles, 1 de julio de 2015

MANUAL DE USO - CÓMO DETENER EL TIEMPO (I)


Un día es el lapso de tiempo que transcurre entre una espléndida mariscada y una cocina tóxica, si olvidaste vaciar los platos; o el margen con el que cuentan los polis colegas para encontrar una bomba. Nada de eso es ahora relevante. Lo que de verdad nos importa de un día es esa cualidad que lleva años investigándose en los laboratorios de Gallina Blanca sin sacar nada en claro: su elasticidad. ¿Por qué los días son tan largos a veces, y tan cortos otras? Y, sobre todo, ¿Por qué cada vez nos duran menos? ¿Acaso vienen con obsolescencia programada, como el cariño del jefe? En efecto, no son los días; somos nosotros, nuestra percepción, lo que les otorga mayor o menor volumen. Nuestra mente es la encargada de echar levadura al tiempo, haciéndolo crecer y confiriéndole esa textura llena de recuerdos. Os explicaré ahora unos pequeños trucos para cocinar días largos y esponjosos.
"Os explicaré unos pequeños trucos para cocinar días largos y esponjosos"
Quizá lo que más valoramos de la infancia sea su lentitud. Por alguna extraña razón, un día duraba como siete de los actuales. Nos daban un lápiz, un papel y, cuando reventábamos de aburrimiento, tras pintar mesa, paredes y cualquier cosa menos el papel, habían transcurrido ¡cinco minutos! Todavía nos quedaban cinco horas de tedio mortal, con minutos empujados por bueyes artríticos, al borde del colapso. En los instantes previos a la comida, con la deliciosa carne rebozada más las natillas de premio por no haber quemado nada, las manecillas del enorme reloj de la cocina parecían muertas. Y así día tras día, mes tras mes. Pues ahí va el primer consejo: mañana mismo volverás a llevar pantalones cortos; y no estamos hablando de una indumentaria para el verano o el gimnasio, no. Te los pones para ir al trabajo, aunque des clases en el paraninfo de la universidad. Una aclaración: estamos hablando de un pantalón corto normal, no de un minishort. Cuando ya te dé igual la opinión de los demás, las amenazas de tus superiores o las risas en la cola del paro, te darás cuenta de que esos cinco minutos que llevas esperando turno se te han hecho eternos. Bravo! Has conseguido reducir sensiblemente la velocidad del tiempo. Otra aclaración: como habréis deducido, el truco de la indumentaria es estrictamente para varones. En este terreno las mujeres nos llevan décadas de ventaja. (Continuará)

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