lunes, 8 de junio de 2015

MANUAL DE USO - INFOLCLORE

A muchos nos hubiera encantado presenciar de cerca esa memorable escena de Blade Runner, con el androide a punto de espicharla.
-He visto cosas que tú no creerías.
-Anda, macho! -le responderíamos-. Yo sí que he visto cosas. He visto gatos tocando el piano y perros surfeando; tontolabas metiéndose petardos por el culo y agujeros negros sacando toda la materia oscura del Universo.
Así es. Nos enfrentamos diariamente a montones de estampas cada vez más elaboradas, que nos someten a un ejercicio mental constante para intentar desbrozar "espeluznante realidad" de "chorrada y bola". Somos la primera generación en conocer hasta la más mínima tontería de las que pasan alrededor del mundo, desde las lagartijas cantoras de Nuevo México hasta el número de pajas que se hace un mandril en la reserva nacional de Kenya. Cualquier plato exótico ya ha sido desvirgado por nuestro amigo cocinillas o por la vecina vegana del quinto; cualquier película de culto china está a golpe de ratón para que un gracioso la doble imitando a Chiquito. Esto es claramente el final de una época, el momento en que el acerbo cultural de la tierra ya es de todos. El Infolclore. Pero... la realidad. No hay nada como ver las cosas en persona, objetarán muchos. Se podría matizar. De entrada, dejo aquí unas consideraciones para poner un poquito de orden en el tema:
  • La única ventaja de visitar presencialmente un lugar es que evitamos el postureo del que nos lo muestra en la Red. Hay quien pone fotos de su viaje a Singapur y el 50% de las imágenes está ocupado por su cara. Aleja un poquito el palo, hombre! 
  • Cuidado dónde contrastamos las dudas. Si recibes un correo alertándote de que tu país acaba de entrar en guerra con Mónaco, y en Wikipedia lees que disponen de arsenal atómico y Carolina de Mónaco lleva a todas partes su maletín de Gucci con los códigos de ataque porque están en DEFCON 2, mira a ver la antiguedad de esa entrada. Wikipedia no es la Biblia, puede haber cosas falsas. 
  • Luego están todas esas maravillas del talento humano: obras de arte que un usuario cuelga regularmente en el muro para deleitarnos con su exquisita cultura. Lleva años en la misma onda esteta. Coméntale un día ante la enésima foto de la galería Uffizi, que ayer mismo hablaste con su antiguo profesor de historia y todavía se ríe al recordar lo de que "Miguel Angel pintó los frascos del Vaticano".

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