martes, 2 de junio de 2015

MANUAL DE USO - EL FUTURO


En la última reunión internacional contra el cambio climático, mientras los principales países repetían que sí, que sí, que mañana mismo reducían las emisiones de CO2, apareció un científico con bata blanca y unos billetes sobresaliendo del bolsillo asegurando que tenía la solución. Para expresarlo escribió una fórmula  sobre un mural abstracto de incalculable valor colgado en la pared: RPG=D/t
La resolución de un problema gordo es igual a la dificultad del mismo, dividida por los años que pasen hasta intentar resolverlo
-Hemos llegado a la conclusión de que cuanto más tiempo transcurra, más posibilidades hay de que aparezca alguien con la solución adecuada -soltó, ufano-. Por tanto, los cálculos demuestran que antes de que todo pete alguien lo resolverá. 
“¿De verdad dudas que si en sólo cinco años hemos pasado de los powerpoints chorras a las fotografías de pies en Instagram, no seremos capaces de cualquier cosa en ciento cincuenta?”
Pues sí. En esto se ha convertido el futuro. Cualquier cosa es factible en esa época indeterminada que seguramente no veremos. Mayordomos sin cabeza, ranas sexuales, teléfonos con coche, países portátiles... . Cuando alguien se muestra escéptico ante este panorama sólo hay que espetarle: “¿De verdad dudas que si en sólo cinco años hemos pasado de los powerpoints chorras a las fotografías de pies en Instagram, no seremos capaces de cualquier cosa en ciento cincuenta?”. Un argumento así es irrebatible.
Por otro lado, ¿a mí que me importa si dentro de doscientos años las máquinas dominan la tierra? Mientras la ingeniería genética no sea capaz de alargarme los telómeros, el futuro será como ese club que no me acepta por vivir en un suburbio demasiado alejado.
Bioingeniero de la guarda,
dulce compañía,
estrújate el cerebro
por la noche y por el día,
o un montón de cosas
yo me perdería.

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