viernes, 1 de mayo de 2015

MANUAL DE USO – LA BARBACOA



Un día u otro tenía que suceder. La enorme caseta de obra con mesa para doce comensales, porche propio, barbacoa, encimera con pica y baño para invitados que hiciste construir hace diez años, por fin va a ser estrenada. Tras múltiples subterfugios, excusas y cuentos inverosímiles, como aquella vez que simulaste un secuestro con los invitados en la puerta, te has visto en un callejón sin salida al llegar a casa y encontrarte una fiesta sorpresa con todos tus amigos, incluidos aquellos que llevas veinte años sin ver y ni falta que hacía. Rompiendo el ritual, los invitados se aprestan a darte los regalos antes de cenar. Ya puestos, y con un atisbo de ilusión porque aún eres niño, vas abriendo uno por uno los diez paquetes que hay sobre la mesa de la barbacoa virgen y, uno por uno, te das cuenta de que la noche es monotemática. Pinzas, delantales, encendedores, parrillas... . Todos los regalos están relacionados con esa puta barbacoa que no has encendido en la vida y que ahora, diez años después y emulando a los Soprano, ha vuelto para pedirte cuentas. Déjame darte unos consejos aunque ya sea demasiado tarde:
Las barbacoas no son para el verano. Dedicarse a quemar animales muertos cuando el sol cae a plomo es suicida.
Las barbacoas no son para el verano. Dedicarse a quemar animales muertos cuando el sol cae a plomo es suicida. Mira a tu alrededor. No hay nadie cerca. Tus amigos están con la cerveza en la mano y a cinco metros de distancia. No sólo te achicharras, sino que además te aburres. Eso sí, cuando hayas terminado de churrascar hasta la última pieza de carne podrás sentarte a comer; mientras, los demás te amenizarán con sus eructos.
Una barbacoa no es una fogata de náufrago con la carne en el extremo del palito. La mayoría de alimentos se cocinan mediante las brasas, unas cosas super calientes que exigen atención constante. Ni se te ocurra darles un beso. Tampoco es necesario quemar el Amazonas para tres chuletas. El sentido común no es inflamable, puede estar contigo mientras cocinas.
En fin, luego agradeces los comentarios loatorios sobre lo distinto que queda el lomo de esta manera. Tu piensas que sí, que tienen razón, porque todavía lo tienes ardiendo y dolorido de cargar leña y acarrear las parrillas. Valora la opción del carbón vegetal.
A estas alturas ya debes de tener claro que lo de “acto social” es una burda patraña. Con las dos horas que te ahorras cocinando con gas disfrutarás mucho más de la compañía. Ensaladilla, carne rebozada y un buen vino o cerveza es suficiente. ¿Y qué hacemos con la barbacoa?  Coméntaselo a tu pareja. Te apuesto diez contra uno a que termina con una planta encima.


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