viernes, 17 de abril de 2015

MANUAL PARA EVITAR EL GERIÁTRICO


A una determinada edad hay que estar muy atento. Un fallo, el más leve lapsus de memoria, puede hacer germinar en los familiares más jóvenes pensamientos que conduzcan a tu reclusión en una residencia. He aquí algunos consejos de utilidad.
Si en alguna ocasión te dejas la sartén al fuego y provocas un incendio, ni se te ocurra decir que ha sido un descuido; insiste en que estabas armando una bomba incendiaria. Más vale que tu familia te tome por un mafioso criminal que por un viejo chocho.
Lleva siempre encima una revista de crucigramas o sudokus con la mayoría de ellos resueltos, fáciles de conseguir en algunos tugurios, y déjalo a la vista de nietos y sobrinos.
Tampoco estará de más aprenderte el nombre de algún grupo de música reciente. A los jóvenes les repugnará que compartas sus gustos musicales, pero alejará de su mente la idea de tu deterioro.
Por último, te recomiendo agenciarte vestuario deportivo contemporáneo y hacerte el encontradizo con ellos, simulando que te pillan tras correr tus 10 kilómetros diarios (no olvides las manchas de sudor; y el pulsómetro a juego), lo que contribuirá a acrecentar tu fama de “intumbable”. En ese sentido los jóvenes son imprevisibles. Pueden pasar de mirarte como si fueras un petroglifo, a llevarte en el smartphone para alardear de ti frente a los amigos.
En fin, con estos trucos y un poco de suerte, deberías aguantar en casa hasta que las residencias incorporen clubs de intercambio.

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