lunes, 27 de abril de 2015

MANUAL DE USO - SENDERISMO


Te acaba de llegar un mensaje invitándote a participar en una excursión de dos días por el Pirineo francés. En primer lugar estudia detenidamente el texto. Fíjate bien donde pone “kilómetros” y compara el paseo dominical para buscar el pan con esa distancia. Si la diferencia supera los treinta kilómetros declina amablemente la propuesta, porque las ampollas que te saldrán en los pies podrían dar cobijo a una familia esquimal. En el caso de que mantengas cierta forma física gracias al deplorable estado de tu ascensor o al robo de bolsos, examina si aparecen las palabras "desnivel positivo". De ser así, alerta! A esa excursión van a ir adictos al paisaje, gente que necesita subir muy alto porque echa de menos el belén navideño.
Otro detalle importante está en la duración del evento. Deambular por la montaña más de un día esconde una peligrosa carga de profundidad: el refugio, ese lugar donde presumiblemente deberías descansar hasta el día siguiente, y en cuyo dormitorio aguardan veinte roncadores profesionales apuntándote con sus culos. Ese es un chiste que la primera vez nunca hace gracia. Por otro lado, uno de los mayores placeres para el guarda de un refugio que permanece aislado durante meses conversando sólo con rebecos, consiste en que se le acerque un lechuguino de la ciudad con la tez blanquecina y le pregunte dónde está el bidet o, mejor aún, la taza.
Ahora la cuestión más importante: Quién te invita a la excursión. Si se trata de alguien con quien pretendes compartir tostada habrá que valorar pros y contras. A tu favor, que en algún momento del fin de semana se producirá el anhelado roce que precede al cariño, aunque sea en un dormitorio compartido con orcos. En tu contra, que tal vez salgan a la luz importantes carencias físicas que delaten tus super poderes como ameba. Por mi experiencia, te diré que aceptar  humildemente las propias limitaciones queda simpático. Sé natural.
Si la propuesta viene del jefe, olvida los consejos del párrafo anterior. Busca una excusa o finge un esguince nada más comenzar, porque en estos casos lo que buscan es extrapolar tus aptitudes en la montaña al mundo laboral. Capacidad de sacrificio, adaptación al medio, espíritu de superación, resistencia física... . Cualidades que, en cierta multinacional, convirtieron al Yeti en empleado del mes.

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